Llevamos unos días con el tema independentista encima de la mesa y las opiniones y los eventos se suceden a velocidad de vértigo. Lo que comenzó con una manifestación, se ha convertido en una vorágine de declaraciones exacerbadas, decisiones sorprendentes y respuestas incoherentes.
A todo esto, y sin entrar en si Cataluña debería ser
independiente o no, ¿Esto hay que decidirlo ahora? ¿No hay cosas más
importantes que esto? Es increíble lo
becerros que podemos llegar a ser. Hace unos meses (2 o 3, no nos vayamos muy
lejos), los catalanes eran un clamor en contra de la pésima gestión de un
gobierno autonómico que recortaba a diestro y siniestro echando mierda (cómo
no) a los anteriores inquilinos de la poltrona, ahora ya retirados a sus
mansiones forjadas a base de dinero público. Como esta situación no era nada conveniente,
el president pensó que ya era hora de
hacer algo.
Ya me imagino al gabinete de comunicación de Mas repartiendo
en la mesa de reuniones el dossier con título "Tírenle un hueso al
perro". Serían las 10 de la mañana ("madrugar", si hablamos de
un político) y la gente se miraría extrañada que hubiera gente en el despacho a esas horas
en vez de estar, como es tradición, en el bar con un cafelito y leyendo Mundo
Deportivo.
Una secretaria, atónita, se subiría las gafas en un rito de
concentración extrema para recordar cómo funcionaba la fotocopiadora y,
terminada su ardua tarea, llevaría el
dossier de dos folios (sus eminencias se cansan si tienen que leer mucho) al
despacho del jefe del gabinete de comunicación. Con cara de satisfacción
releería la única pregunta que llenaba el segundo folio del dossier (la
primera, estaba reservada, como no, para el título): ¿Qué hueso le tiramos al
perro?.
Y ahí se reunieron las mentes privilegiadas de ese ¿país?
¿comunidad? o "pongaaquícomoquierallamarsequemedaigual" para decidir
cuál iba a ser la bomba de humo que les iba a sacar del ojo del huracán para
echarle mierda a otro... Y se les ocurrió un tema que, aunque manido, es capaz
de despertar fervores nubladores de la razón como pocos: La independencia. En realidad, la primera opción era Eurovegas,
pero como no pudo ser, pues hubo que recurrir al plan B.
Y, cómo no, los perros salieron a las calles moviendo
sus rabos y ladrando bien fuerte en pos
del hueso... y se olvidaron que su amo,
el que les había lanzado el hueso, les había molido a patadas dos días atrás.